Instagram puede ser la mejor ayuda para las bodegas en el mundo online

Instagram puede ser la mejor ayuda para las bodegas en el mundo online

Instagram puede ser la mejor ayuda para las bodegas en el mundo online

Instagram puede ser la mejor ayuda para las bodegas en el mundo online en su labor de marketing, tanto como para generar marca, como para crear una comunidad de fieles a su alrededor o incluso incrementar sus ventas.

Varias son las razones en las que apoyo esta idea. Espero que os convenzan y os acabéis abriendo un perfil en esta red social si sois bodegas.

600 Millones de usuarios

Conocido por todos es el hecho de que Facebook es la red social con mayor número de usuarios, superando los 2.000 millones. No vamos a entrar en el tema de cuántos de ellos son reales o cuantos son ‘fakes’. Pero lo que si es cierto es que se ha convertido en una red social que todo el mundo posee lo que motiva que nuestra información o contenido compartido llegue a un nuevo seguidor se convierte en tarea complicada si no pagamos a Facebook por su promoción.

Instagram, que había comenzado con mucha fuerza a finales de la década pasada, pasó luego unos años de pausa. Pero en estos últimos años ha experimentado un auge que ha hecho que se llegue a los 600 millones de usuarios, lo cual la sitúa incluso por delante de Twitter según muchos estudios. Y hablamos de 600 millones de usuarios muy activos.

Siempre hay unos ‘influencers’, pero el hecho es que al poder incluirse ‘vídeos’ (de un minuto de duración), estados temporales que duran un día, historias breves que desaparecen luego del perfil o montajes de fotos, cualquier usuario de esta red puede generar una buena comunidad trabajando bien sus contenidos.

Una imagen vale más que mil palabras (y en el mundo del vino más)

Lo de que una imagen vale más que mil palabras es algo muy cierto en este caso. ¿Qué me importa que un ‘gurú’ me diga que un vino huele a flores o que tiene un amplio paso en boca si no lo bebo yo o no lo puedo ver? Los grandes discursos de los especialistas con sus idílicas notas de cata, hacen que la mayoría de los no entendidos miren para otro lado porque no entienden ni la mitad de lo que se les dice.

Ahora bien, si ven un vino, una botella o una copa, en una reunión social, con o sin un plato acompañándolo y gente disfrutando de su cata, seguro que genera más interés y sensaciones en el consumidor final.

Vale!!!  Me podéis decir que también se pueden subir fotos a otras redes sociales. pero a eso os contesto que esas redes sociales (léase Facebook Twitter,,…) no nacieron con esa finalidad, la de compartir fotos, mientras que Instagram sí. Han ido añadiendo esos recursos a las redes para ir captando más usuarios y que no se le vayan otros.

Ojo, una foto no es un montaje 

Cuando hablamos de una foto, no hablamos de modelos o personas contratadas para hacerse una foto con una botella de vino y eso compartirlo. Eso no es usar una red social aviso, eso es ‘spamear’ con publicidad de toda la vida empleando un canal online, lo dista mucho de ser una actividad de interacción social. En mi caso particular, no me gustan las bodegas que contratan a millennials, actores, youtubers y similares para que se hagan unas fotos profesionales con sus vinos en la mano. Eso no es generar interacción social, es intentar persuadir a los usuarios con técnicas publicitarias de toda la vida.

Éxito de la originalidad, espontaneidad y las fotos desde el móvil

Un perfil de Instagram no tiene que buscar la perfección en la calidad de las fotos que sube. Ojo, tampoco es subir fotos defectuosas. Pero en esta red triunfa lo espontáneo, lo no preparado, lo no profesional,…., todo aquello que queda a ojo de la cámara de nuestro smartphone.

Una comida familiar, una copa compartida en el bar de la esquina con unos amigos, un picnic en un día de campo, …., una imagen que refleje el día a día de cualquier usuario y que se pueda ver identificado y le anime a probar ese vino. Que un determinado Consejo Regulador contrate a un ‘influencer’ como la imagen de sus vinos, cuando le da igual promocionar una maquinilla de afeitar, una marca de zapatos o un tipo de bebida, lo único que me da es asco y hace que ni me plantee probar los vinos de esa zona.

Triunfa lo original, lo que se ve que se hace en el momento y se quiere compartir con el ánimo de eso mismo, ‘de compartir’,  y no de convencer. ¿O es que alguien se cree que una presentadora sale en una foto en su perfil de Instagram con una copa de vino en la mano de una determinada marca si no es porque cobra (y mucho) por ello?

Cada uno es libre de gastar ‘sus cuartos’ como quiera en esto del marketing, eso está claro, pero pagarle a un famosillo 50.000 euros por una foto en Instagram con su producto en la mano me parece, con perdón, una gilipolllez.

Os dejamos un ejemplo reciente:

 

Si no quieres ser social no entres en Instagram

Por último solo quiero daros un consejo. Si lo que perseguís es ‘bombardear’ con fotos de estudio a vuestros seguidores y no interactuar, os recomendamos que no empleéis Instagram.

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